Las pasadas semanas estuvieron marcadas por la decisión del Tribunal Supremo de archivar la querella que el ex fiscal de Lugo, Jesús María Izaguirre, presentó en su día contra los ediles de la última corporación popular acusándoles de malversación de caudales públicos y prevaricación. La acción penal de la fiscalía venía a culminar el largo proceso de acusaciones y desprestigio contra los gobiernos de César Aja que había puesto en práctica la corporación de Melchor Roel al poco tiempo de llegar a la alcaldía. Con ello, los nuevos mandatarios ponían de manifiesto que no iban a renunciar al auténtico propósito con el que la lista del PSOE había concurrido a las elecciones de 2003, a saber, crear una oposición de choque contra César Aja y el Partido Popular. El hecho de que tras las elecciones las cosas no salieran como todos esperaban y que en lugar de encontrarse en la oposición, los socialistas de nuevo cuño se vieran al frente del gobierno municipal no les hizo cambiar de planes y, a falta de un programa de gobierno, Melchor Roel y su brazo derecho, Rafael F. Amor, se afanaron en aplicar el programa de odio, resentimiento y revancha que tanto tiempo llevaban incubando. Sin embargo, tal y como estamos viendo, el PSOE está pagando en Viveiro un duro precio por no haber sabido en su día adaptarse a la nueva situación, deshaciéndose de prejuicios y enterrando su ira.
El capítulo que ha cerrado el Tribunal Supremo con el archivo de la querella presentada en su día por la fiscalía comenzó hace ahora cuatro años, en agosto de 2003 cuando al poco tiempo de hacerse con la alcaldía, Melchor Roel inició su campaña contra los anteriores gestores. Así, el 21 de agosto de 2003 La Voz de Galicia, en su edición de A Mariña publicaba con estruendo el siguiente titular: El gobierno de Viveiro investiga posibles pagos ilegales del ejecutivo de César Aja, en dicha información se daba cuenta de los “expedientes informativos” abiertos por el nuevo mandatario para investigar la supuesta irregularidad que, a su juicio, implicaban los emolumentos percibidos por concejales de la anterior corporación por diferentes conceptos. A pesar de que el propio ex alcalde, sin negar los hechos, explicaba que dichas percepciones contaban con informes favorables de Intervención, el mismo diario profundizaba al día siguiente en el asunto con el siguiente titular: El gobierno detecta posibles pagos ilegales del PP en Viveiro por valor de 120.000 euros. En todas estas apariciones mediáticas Roel centraba sus revelaciones en desgranar cantidades y detallar conceptos, “gastaron tanto en esto y tanto en esto otro”, alimentando morbos con profusión pero sin entrar demasiado en explicar el supuesto fundamento jurídico que convertía dichos pagos en ilegales.
La noticia corrió como la pólvora por el municipio, y pr
onto se convirtió en motivo de chascarrillos y comentarios de taberna, cuando no de airadas críticas que daban por sentado la veracidad de las graves acusaciones melchorianas. El clima de opinión era claramente adverso contra los anteriores mandatarios y, cuando menos, la duda se había instalado en la mente de la mayoría de los vecinos.
“Me alegro de que me haga esa pregunta”
Y así, con la honestidad de la oposición bajo sospecha, Melchor Roel cumplió sus primeros cien días como alcalde, henchido de orgullo y sacando pecho. Para celebrarlo, La Voz de Galicia, edición A Mariña, publicó un publirreportaje sobre Melchor Roel que, bajo el formato de entrevista, se hacía eco del dulce momento que atravesaba el flamante regidor. El almibarado texto contenía frases verdaderamente memorables que parecían extraídas de la hagiografía más entusiasta y que describían a Roel como un ser entre lo sublime y lo angelical que rozaba casi la divinidad: “Melchor Roel vive su reencuentro con la política local con ilusión -«por la posibilidad de dirigir una opción progresista»-, con preocupación -«por el miedo a perder la capacidad de indignación sobre la forma de gestión anterior; en la práctica ya nada importaba»- y con el reto de crear una Administración y democratizarla...(!!)” En un momento de la entr
añable charla, donde el pasteleo era ya, más que evidente, nauseabundo, la entrevistadora pregunta a Roel con pasmosa naturalidad: “¿Hay razones para que el PP acabe en el juzgado?” (recordemos que hacía poco más de tres meses que Roel había llegado a la alcaldía) a lo que Roel, complacido de que le hicieran esa pregunta, respondía en tono condescendiente “No lo diremos nosotros. Yo espero que no, pero eso no significa que nosotros tapemos nada. Hay una auditoría del año 2000 que aún estamos pendientes de que se publique. Nosotros vamos a ir a la auditoría, no con el espíritu de ángel vengador. Vamos a crear una comisión ciudadana que vaya viendo las facturas, algunas, de escándalo.” Verdaderamente revelador de las intenciones de Roel.
El siguiente paso de Roel en esa estrategia consistió en exigir a los anteriores concejales la devolución de las cantidades percibidas, en un gesto populista y rastrero donde los haya, que tanto gustan a los dictadorzuelos caribeños. La Voz de Galicia, edición A Mariña, se hacía eco de las intenciones del regidor a través del siguiente titular: Viveiro reclama al PP el reembolso de 74.000 euros que cobró ilegalmente (nótese la facilidad con que se asume la ilicitud de los cobros afirmada por Roel). De poco valían las insistentes explicaciones dadas por Aja de que no había informes de Intervención en contra, de que había consultado en numerosas ocasiones la licitud de los mismos y de la existencia de sentencias que avalaban la legalidad de los pagos, el ex regidor y toda su corporación habían sido ya condenados por ciertos oráculos mediáticos. Y para que nadie levantara la condena, a cada oportunidad que la prensa le brindaba, Roel sacaba a colación los referidos cobros, vinieran o no a cuento. Visto con un poco de perspectiva, da la impresión de que a Roel le importaba poco la legalidad de los mismos y de que su verdadero interés consistía en difundir una serie de hechos que, a su juicio, eran inaceptables, con el fin de calentar la cabeza a los vecinos y generar indignación entre las mentes de vía estrecha. Todo aquello que no cuadraba en su entendimiento se convertía automáticamente en delito.
La fiscalía entra en juego
En medio del linchamiento mediático que Roel estaba infligiendo a la oposición, (al tema de las dietas se añadiría posteriormente un maremagnum de denuncias en otros asuntos) tripartito y PP votaron a favor de remitir los hechos denunciados a la fiscalía. Lógicamente el PP con la intención de demostrar su inocencia –pues al fiscal corresponde archivar unos hechos cuando no aprecia en ellos delito- y el PSOE con la intención de encarcelar a la oposición. Así, el pleno del tres de enero de 2004 aprobó remitir a la fiscalía provincial de Lugo las actuaciones denunciadas hasta entonces en la prensa. El diario El Progreso daba cuenta de la noticia, comentando “La sesión plenaria de ayer dejó claro que, para los grupos que gobiernan, la herencia es como un saco sin fondo, pero ¿será verdad o será, como preguntó en voz alta el portavoz popular, que el goteo de acusaciones hace que lo parezca? Sea como fuera, es preciso que se aclare cuanto antes, y, por fin, parece que todos están de acuerdo en eso. A ver si unos se ponen a gobernar y otros a hacer oposición, que ya toca.” Nunca unas palabras fueron tan acertadas.
Convencido de que el fiscal iba a proceder según sus deseos, Melchor Roel se ponía al frente de la manifestación en el mes de abril y, una vez más, en La Voz de Galicia anunciaba: «remitiremos a la fiscalía monográficos sobre cada tema. Hemos esperado a que pasaran las elecciones generales para que los que han sido ineficaces y, sobre todo, mentirosos sobre cómo se gestionaba y a dónde iba el dinero del Ayuntamiento, no lo utilizaran como argumento exculpatorio durante la campaña», explicó el alcalde, el socialista Melchor Roel.
Dicho y hecho, el entonces fiscal de Lugo Jesús María Izaguirre -que desde su llegada a Lugo se había hecho famoso por presentar más de cien querellas contra cargos del PP en la provincia- tras analizar los hechos estimó que había indicios racionales de delito y presentó la correspondiente querella por malversación y prevaricación contra la corporación popular, si bien en el camino se quedaron otros pretendidos delitos que, ni siquiera aquel fiscal, se atrevió a considerar como tales.
Tras el correspondiente itinerario judicial, el asunto pasó de los juzgados de Viveiro a la Audiencia Provincial sin que en ningún momento se llegara a abrir juicio oral, hasta que finalmente, hace un par de semanas, el Tribunal Supremo emitía un auto en el que archivaba, por quinta vez, una querella contra César Aja presentada a instancias de la fiscalía de Lugo que, en este caso se ampliaba a toda la corporación del Partido Popular.

En dicho Auto, el Supremo hace constar que «el objeto de este proceso, mantener un sistema retributivo que había sido derogado, extremo que no fue advertido por el Ayuntamiento y cuya vigencia es, por otra parte, dudosa, respecto al que ninguna instancia de control, interno o externo al Ayuntamiento puso objeción ni reparo alguno, no puede ser subsumido en la tipicidad de la prevaricación ni en la malversación”.
«En el presente supuesto (...) la recepción de retribuciones en la forma que se realiza era una cuestión no discutida en los órganos encargados del pago y los de fiscalización, interna y externa e, incluso, discutida en sede jurisdiccional. Consecuentemente, no puede afirmarse la realización de la acción sustractiva con ánimo de lucro», concluía.
Pío, pío que yo no he `sío´...
Como cada vez que la majadera realidad no se pliega a sus deseos, la decisión del Alto Tribunal se le indigestó a Melchor Roel, quien reaccionó dando lecciones de Derecho al Tribunal Supremo. Pero su segunda reacción fue, si cabe, más esperpéntica todavía. Ante el temor de que la campaña que, con tanto entusiasmo emprendió en su día contra el PP, se le volviera en su contra, Roel empezó a desmarcarse del asunto y a negar que fuera la alcaldía quien se querelló contra los populares. Añadía así a la infamia la cobardía. En su escenificación, Roel se atrevió incluso a desafiar, -su actitud favorita en esta vida- al Partido Popular a que demostrase que había sido él el autor de la querella. Vano esfuerzo que no convenció ni siquiera a los muy adeptos. Cualquier vecino sabe que, aunque técnicamente fue la fiscalía la que interpuso las querellas, es un hecho claro que el ministerio público jamás hubiera actuado así de no haberle remitido el Ayuntamiento las supuestas irregularidades que Melchor Roel “revelaba” en la prensa. Y, como nuestro regidor, -sobrevenido penalista-, sabe, la causa de la causa es causa del mal causado.
Desde que llegaron a la alcaldía, Melchor Roel y, muy especialmente su concejal de Hacienda, Rafael Fernández Amor basaron toda su estrategia política en un gigantesco y venenoso engaño, el de que los antiguos gobernantes eran personas indignas y deshonestas que habían cometido delitos al frente del ayuntamiento. Ahora, cuatro años después de aquel primer titular de prensa de agosto de 2003 sabemos que aquella acusación era una gran falsedad. Y aunque la Justicia se está encargando de restaurar la honestidad de quienes estuvieron tanto tiempo cuestionados en público, el daño ya está hecho, y los que han estado viviendo políticamente a expensas de explotar una mentira contra otros vecinos del municipio, -pues el ser concejal no hace perder tal condición-, son quienes detentan actualmente la representación institucional de todos los vivarienses. Sin caer en falsos chovinismos, ahora más que nunca todos debemos preguntarnos con sincera indignación ¿es que Viveiro no merece más?